Michoacán enfrenta una crisis de seguridad que deja al descubierto el fracaso absoluto de Morena en su intento de pacificar el país. En una semana, el crimen organizado llevó a cabo ataques coordinados que sembraron el terror en cinco municipios, con un saldo de 11 muertos, bloqueos, vehículos incendiados y negocios cerrados.
El caos comenzó el 11 de enero con el incendio del bar Katara, en Aldama, un acto que marcó el inicio de una escalada de violencia. En la noche del jueves, hombres armados atacaron tres centros nocturnos, Kandy’s, Exesso y Punta Cometa, dejando tres muertos y un herido. Ante esta situación, los establecimientos afectados decidieron cerrar, mientras los ciudadanos se preguntan hasta cuándo tendrán que vivir bajo el yugo de la inseguridad.
El viernes, la situación empeoró cuando la Policía Municipal de Maravatío fue emboscada, aunque logró repeler el ataque. Horas después, en Zamora, la brutalidad del crimen organizado alcanzó un nuevo nivel: dos mujeres, un hombre y un bebé de un año fueron asesinados. Por último, en Zitácuaro, un operativo federal para detener a un líder criminal desató una serie de bloqueos y ataques que dejaron tres muertos más, incluyendo a una menor de 15 años y su tía.
A pesar de la magnitud de estos hechos, el gobierno de Morena sigue sin ofrecer soluciones concretas. Los operativos improvisados y la falta de coordinación entre autoridades estatales y federales han convertido a Michoacán en un territorio sin ley. Morena prometió un cambio, pero lo único que ha logrado es profundizar la crisis de seguridad. Los ciudadanos de Michoacán merecen más que promesas vacías; merecen un gobierno que realmente los proteja.